Skip to Content

Querido Axis:

Mi esposo y yo nos hemos esforzado mucho por inculcar el discernimiento cristiano a nuestros tres hijos, todos ellos muy diferentes entre sí. Desde el principio decidimos que queríamos fomentar un ambiente de confianza mutua en nuestra familia, y queríamos que nuestros hijos pudieran ponerse en contacto con nosotros en caso de emergencia. Por estas y otras razones, les dimos a cada uno su primer celular como regalo de cumpleaños cuando cumplieron 13 años.

Les pusimos todas las restricciones que conocíamos en aquel momento para limitar el tiempo que pasaban frente a la pantalla y bloquear ciertas páginas web. Nuestros dos hijos parecían bastante contentos con lo que les propusimos y, que yo sepa, nunca intentaron burlarnos ni saltarse nuestras normas básicas.

Nuestra hija, sin embargo, ha sido otra historia.

Ella se volvió más distante con nuestra familia desde el primer día que le dimos un iPhone. Pensábamos que simplemente estaba emocionada por poder hablar con sus amigos a través de las redes sociales y que, una vez que pasara la emoción inicial, volveríamos a tener a nuestra hija. Pero en los dos años transcurridos desde entonces, se ha ido involucrando cada vez más con ciertos influencers de TikTok y foros de la comunidad que, francamente, no nos parecen ni edificantes ni valiosos. Ha perdido interés por sus aficiones, como el dibujo y la animación, sus notas han bajado e incluso ha dejado sus actividades extraescolares. Sé que deberíamos haber intervenido antes, pero no me parecía justo imponerle normas diferentes a las que tenían sus hermanos a la misma edad.

Y ahora que está a punto de cumplir 16 años, me pregunto si hay algo que realmente podamos hacer para ayudarla a dejar el celular y volver a formar parte de nuestra familia. Me preocupa que mis esfuerzos tengan el efecto contrario, provocando una discusión tremenda y alejándola de nosotros por completo. Siento que he fracasado como madre, y nunca me he sentido tan impotente con ninguno de mis hijos. ¿Cómo podemos ayudarla?

Atentamente,

Una madre que esperó demasiado

Querida madre:

Siento mucho que tu familia esté pasando por esto. Pero, por muy tentador que resulte sentir que has fallado como padre o madre, o cuestionar las decisiones que tomaste hace años, lo que ella necesita de ti ahora mismo no es que le eches la culpa a nadie, sino que le brindes tu orientación, tus oraciones y tu presencia.

Incluso en la etapa de la preparatoria, los padres siguen siendo la mayor influencia en la vida de sus hijos. Deuteronomio 6:7-9 muestra cómo estamos llamados a inculcar nuestros valores a nuestros hijos a medida que crecen y se convierten en adultos.

Puede que te parezca que a tu hija le importa más la última tendencia de TikTok o lo que le diga un influencer, pero la realidad es que sigues siendo la persona a la que ella acude en busca de orientación y atención.

Ten una conversación auténtica.

No puedes obligar a tu hija a rechazar las relaciones y la comunidad que ha encontrado en internet. Probablemente tampoco puedas prohibirle el uso de ciertas aplicaciones de tal forma que ella no intente eludir la prohibición. Pero puedes intentar mostrar interés por lo que a ella le interesa, preocuparte por lo que a ella le preocupa. Probablemente ella perciba que tu forma de ver su uso del celular está teñida de miedo y desesperación, pero si intentaras preguntarle, con auténtica curiosidad, a quién presta atención en internet y por qué, eso podría abrir la puerta a una conversación de verdad.

En cuanto a no querer imponerle normas diferentes a las que tenían sus hermanos, es importante mantener un enfoque realista, pero flexible. Cada adolescente necesita un nivel diferente de apoyo y orientación a la hora de desenvolverse en la vida en línea (y en muchas otras cosas).

Como dijo una madre de Axis: “Nuestros hijos no son todos iguales, lo cual me encanta, creo que es una gran bendición, pero eso significa que nuestras conversaciones tampoco lo serán. La forma en que vivimos la relación con nuestros hijos, cómo ellos experimentan el mundo y cómo responden a él nunca será igual para todos”.

Ofrece una vía de escape

Cuando alguien empieza a preferir su avatar en línea a su realidad cotidiana, lo más probable es que piense que está obteniendo algo al estar en línea que no puede conseguir en persona. Parte de tu labor, además de interesarte por lo que a ella le importa, consiste en averiguar qué es eso que cree que solo puede conseguir en Internet, y ver cómo puedes ofrecérselo de otras formas. Por ejemplo: si sigue a muchos influencers de cocina, podrías preguntarle si le gustaría que prepararan juntas una de sus recetas; si sigue a muchos influencers de maquillaje, podrías ofrecerte a llevarla a Sephora.

Dada su afición previa por el dibujo y la animación, también podrías buscar clases de dibujo o un club de anime presencial. Un club del anuario escolar o un periódico escolar podrían ofrecerle un espacio para compartir sus pensamientos y opiniones de una forma más tangible.

Dios nunca se rinde

La verdad es que puede que ella no se muestre receptiva a estas ideas, o que al principio haya mucha resistencia. Aun así, eso no significa que debas dejar de intentar acercarte a ella. Creemos en un Dios que nunca nos abandona.

Puede que su comportamiento parezca fruto de una actitud egoísta, pero detrás de él se esconden también las grandes preguntas que los adolescentes siempre se plantean: “¿Me quieren?”, “¿Me ven?” y “Si desapareciera de esta familia, ¿a alguien le importaría?”. Tu tarea consiste en asegurarte de que ella sepa que la respuesta a todas estas preguntas es un SÍ rotundo en todo momento.

Por último, no dejes de orar por tu hija. No hace falta que te oiga hacerlo (aunque quizá le haga ilusión oírte). Tampoco tienes que decírselo (aunque quizá le resulte útil saberlo). Pero ora sin cesar. Dios es quien conoce, ve y ama a tu hija más de lo que jamás podrías imaginar, y el legado más poderoso que puedes ofrecerle a tus hijos es el de mantener la fe incluso en tiempos difíciles.

Al confiar el futuro de tu hija a Su cuidado, recuerda que la tarea de ser madre nunca fue una prueba espiritual que tuvieras que superar. Estabas destinada a ser su madre, y ellos estaban destinados a ser tus hijos. Y pase lo que pase en el futuro, tu amor se expresa mejor a través de la paciencia, la compasión y la oración: las virtudes que encarnó Cristo.

Criando juntos,

El equipo de Axis