Skip to Content

Dentro del movimiento impulsado por los padres de familia y basado en la colaboración comunitaria para retrasar el uso del celular

Y cómo puedes participar

Probablemente, la mayoría de nosotros no esperamos encontrar consejos profundos y cercanos sobre la crianza de nuestros hijos en relación con la tecnología cuando vemos la televisión durante el día. Pero en un fragmento reciente del programa de Drew Barrymore, la presentadora confesó que lo estaba pasando mal, y cuando explicó el motivo, los padres de todo el mundo se identificaron con sus palabras.

Barrymore contó que sus hijas, que están en la preadolescencia, no paran de pedirle que les compre un celular. A pesar de sus súplicas y de su creciente enfado, Barrymore aún no ha cedido.

“Muchos padres les dan un celular a sus hijos a edades muy tempranas”, dijo. “Y eso les da acceso a todo. Es realmente difícil. Me siento muy abrumada”.

A pesar de sentirse abrumada, Barrymore se mantiene firme.

“Es increíble haber deseado con tantas ganas que mis hijas me quieran, que amen su entorno y se sientan seguras… Ninguno de nosotros quiere que nuestros hijos nos guarden rencor. Y no queremos ser sus enemigos”, afirma Barrymore.

“Es una decisión muy difícil decir: “No me importa si me odias por esto. No me importa si estás enojado conmigo por esto. Sé que estoy haciendo lo correcto por tu bien y acepto tu enojo”.

Para los hijos de Barrymore y otros jóvenes cuyos padres les han dicho “todavía no” a los celulares, ese enojo suele tener su origen en la sensación de que se están perdiendo de lo que hacen todos los demás. Y lo difícil es que… quizá sea así. Las conversaciones se mantienen y los planes se hacen a través de los celulares, especialmente entre las generaciones más jóvenes que han estado expuestas a la tecnología desde que nacieron. Las investigaciones muestran que el 42 % de los niños estadounidenses tiene un celular a los diez años, y el 91 % tiene un teléfono inteligente a los 14 años.

Aunque la mayoría de los adolescentes estadounidenses tienen celular, tres cuartas partes de ellos afirman sentirse felices o tranquilos cuando no lo llevan consigo. Aun así, la mayoría de los adolescentes no limitan por sí mismos el uso del teléfono o de las redes sociales, lo que ocasiona preocupación entre muchos psicólogos, responsables políticos y defensores de los derechos de los niños. La relación entre los jóvenes y sus celulares suele caracterizarse por rasgos que indican adicción, como el hecho de que un adolescente siga utilizando un celular incluso cuando sabe que se siente mejor sin él.

Aunque la presión social no suele ser un buen punto de partida a la hora de tomar decisiones, el sentido de comunidad y de unión puede constituir una base maravillosa. Por eso, organizaciones como “Wait Until 8th” y el Movimiento MAMA animan a las familias a unirse para recuperar la infancia, una infancia que gire en torno al juego, las relaciones interpersonales y la concentración, en lugar de a las pantallas.

Estas organizaciones, así como el psicólogo social Jonathan Haidt, la columnista neoyorquina convertida en líder del movimiento Lenore Skenazy y las autoras Erin Loechner y Hannah Brencher, ofrecen medidas prácticas para las familias que desean adoptar la tecnología según sus propios criterios.

¿Por qué limitar el uso de los celulares por parte de niños y adolescentes?

Es importante señalar que algunas de las razones por las que a los adolescentes y a los niños les gusta tener acceso a los teléfonos inteligentes son positivas. Muchos de ellos mencionan el acceso a actividades creativas o aficiones como motivos para usar sus celulares ya que el internet ofrece una gran cantidad de contenido educativo. Sin embargo, como señala Haidt las empresas tecnológicas y las plataformas de redes sociales ofrecen a los jóvenes un “diluvio de contenidos adictivos” que les lleva a pasar tiempo aislados, lo que perjudica sus habilidades sociales y reduce su control de los impulsos.

Los niños y adolescentes no solo están sufriendo daños, sino que se están perdiendo lo que Haidt denomina “la infancia basada en el juego”. En lugar de jugar, los niños y adolescentes están representando sus vidas en internet. En lugar de disfrutar de sus vidas, lo que incluye momentos de aburrimiento, cometer errores y hacer tonterías sin mayores consecuencias, solo las están grabando. Aunque desde el punto de vista del desarrollo siguen siendo niños, los niños y adolescentes utilizan herramientas que incluso a los cerebros adultos más maduros les cuesta a menudo manejar adecuadamente (¿cuántas veces te has sentado a leer un libro y has acabado mirando el celular?). Haidt relaciona este fenómeno con un “coste de oportunidad”: no se trata solo del tiempo que se pierde, sino de lo que se podría haber hecho con dicho tiempo.

Una advertencia

Desde una mejor salud mental hasta relaciones sólidas, son muchas las razones para retrasar el uso de los celulares y las redes sociales. Sin embargo, en nuestro afán por proteger a nuestros hijos, debemos “tener cuidado de no caer” (1 Corintios 10:12). Al igual que las iniciativas DARE no lograron erradicar la adicción y la cultura de la pureza no pudo generar una ética sexual sostenible, las medidas para cambiar las normas de seguridad digital no pueden redimir por completo los corazones y las mentes de los adolescentes.

El deseo que impulsaba estos movimientos era la protección y la preocupación por una generación que parecía estar amenazada por una cultura peligrosa. Sin embargo, al buscar esa protección, los movimientos a menudo se volvieron rígidos y severos, convirtiéndose en una nueva ley en lugar de fomentar que las personas vivan según el amor y la gracia divina. Aunque tomemos decisiones difíciles y contrarias a la cultura dominante en lo que respecta a la tecnología, ojalá lo hagamos con un espíritu de gracia.

¿Cómo puedo hablar con otras familias sobre retrasar el uso de los celulares y las redes sociales?

Con el ánimo de dejar que los niños sean niños durante más tiempo, Brooke Shannon, fundadora y directora ejecutiva de Wait Until 8th (Espera hasta 8.º grado), puso en marcha un compromiso para animar a su familia y a otras personas de su comunidad a retrasar el uso de los celulares y las redes sociales. El compromiso es sencillo y directo: “Me comprometo a no darle a mi hijo un celular hasta, como mínimo, el final de 8.º grado siempre y cuando al menos 10 familias en total, de su curso y de su escuela, se comprometan a hacer lo mismo”. Los padres o tutores rellenan algunos datos básicos sobre sí mismos y, a continuación, añaden el nombre de su hijo, el grado en el que está y el nombre de la escuela.

“Nuestra idea era combatir esta norma social dando la vuelta a la presión de grupo y aprovechando el impulso colectivo para hacer el bien”, explica Shannon. “Diseñamos el compromiso pensando en la comunidad”.

¿Cómo? En primer lugar, el compromiso “Wait Until 8th” se organiza por escuela y grado. Según explica Shannon, una vez que un grado concreto en la escuela alcanza los diez compromisos, este se activa.

“Esto ayuda a disipar cualquier tipo de preocupación del tipo ¿y si soy el único que se compromete con esta promesa?”, afirma Shannon. “ Dado que el plan solo se activa cuando se comprometen diez familias de un grado, los padres pueden firmar sin preocuparse por ser los únicos”.

El compromiso se ha puesto en marcha en más de 58.000 escuelas hasta la fecha, lo que significa que al menos diez familias de cada campus se han comprometido. Shannon y su equipo reciben con frecuencia comentarios de padres que destacan lo útil que resulta contar con el apoyo de la comunidad en torno a la decisión de su familia de retrasar la adquisición de un celular.

“Nuestra prioridad es animar a más padres a retrasar la adquisición del celular firmando el compromiso “Wait Until 8th”, afirma Shannon. “Ofrecer a los niños cuatro años más de infancia sin celulares ni redes sociales es una de las formas más eficaces de ayudar a proteger la salud mental de nuestros jóvenes y facilitar una conexión auténtica con la familia y los amigos”.

Con un compromiso similar por ayudar a las familias a recuperar la infancia, el movimiento “Mothers Against Media Addiction” (MAMA, madres contra la adicción a las redes, por sus siglas en inglés) fomenta “una acción inmediata y coordinada por parte de los padres”. Esta organización fue fundada por Julie Scelfo, antigua redactora del New York Times, ecologista de los medios de comunicación y madre de tres hijos. MAMA promueve la reducción del uso de la tecnología en los hogares, en las escuelas y en la legislación. La organización ofrece un manifiesto sobre el uso de la tecnología que dice en parte:

  • Por la mañana, esperamos hasta que hayamos despertado del todo, nos hayamos lavado los dientes y desayunado antes de mirar nuestros dispositivos tecnológicos.
  • Disfrutamos del aire libre sin dispositivos tecnológicos durante al menos 30 minutos cada día.
  • Cuando salimos a comer fuera, pintamos, jugamos o charlamos para pasar el rato (y aprendemos el valor del aburrimiento) en lugar de usar pantallas.
  • Una vez al mes, dejamos los dispositivos a un lado por completo durante 24 horas.
  • No nos registramos en las redes sociales hasta que estemos en la preparatoria.

En su libro La generación ansiosa: cómo el gran cambio en la infancia está provocando una epidemia de enfermedades mentales, Haidt ofrece consejos prácticos para dar marcha atrás en la infancia centrada en el celular y recuperar la infancia basada en el juego. Sus cuatro recomendaciones básicas son:

  • Nada de celulares antes de llegar a la preparatoria.
  • Nada de redes sociales antes de los 16 años.
  • Escuelas sin celulares.
  • Más independencia, juego libre y responsabilidad en el mundo.

La página web de Haidt ofrece una guía de acción para padres, una plantilla de correo electrónico para iniciar esta conversación con otros padres y un ejemplo de mensaje de texto para poner de acuerdo al grupo de chat. Iniciar una conversación de este tipo puede ser tan sencillo como enviar un mensaje de texto o un correo electrónico con algo así:

 ¿Has visto todos los datos y estudios que están saliendo sobre los niños y los celulares? He estado pensando mucho en ello, sobre todo en cómo los celulares y las redes sociales parecen estar afectando a la salud mental. Parece que retrasar el uso de los celulares hasta que los jóvenes lleguen a la preparatoria y mantener a los niños alejados de las redes sociales hasta los 16 años puede ser muy beneficioso para ellos. ¿Qué opinas?

Además de restringir o retrasar el uso de los celulares, Haidt, el Movimiento MAMA y Wait Until 8th dan mucha importancia a qué hacer en su lugar. Con ese espíritu, los padres podrían plantearse cómo pueden dar ejemplo de una vida comunitaria plena y sin teléfonos inteligentes como parte de sus rutinas habituales.

Esto podría consistir en:

  • Invitar a unas cuantas familias al parque para hacer un pícnic y jugar al aire libre.
  • Invitar a amigos a cenar y animar a todos a dejar sus teléfonos en una cesta durante la comida.
  • Organizar una salida en grupo a un evento artístico o cultural de la comunidad y luego disfrutar de una comida o un postre juntos para hablar de la experiencia compartida.

Aplazar el uso de la tecnología es, sin duda, una decisión radical en los tiempos que vivimos. Pero no tiene por qué ser una decisión solitaria. Al forjar relaciones de forma intencionada y disfrutar de nuestras comunidades, las familias pueden cultivar la conexión y la satisfacción que los celulares prometen, pero que rara vez ofrecen.

Abby Perry es colaboradora de la revista Common Good. Sus artículos han aparecido en publicaciones como Christianity Today, Sojourners y Texas Monthly. Ella vive a las afueras de Dallas con su esposo y sus dos hijos.